En las entrañas de la Universidad de Kioto, en el oeste de Japón, ha nacido un nuevo guía para el espíritu que no necesita incienso ni meditación milenaria para operar: el Buddharoid. Este pequeño robot humanoide bípedo, impulsado por Inteligencia Artificial, fue presentado este miércoles como una solución tecnológica ante la crisis de vocaciones y la escasez de monjes que enfrenta el país asiático debido al envejecimiento de su población.
Tecnología al servicio del dharma
El Buddharoid no es solo una máquina que repite frases hechas; es el resultado de años de trabajo del profesor Seiji Kumagai, del Instituto para el Futuro de la Sociedad Humana. El robot utiliza el software BuddhaBotPlus, el cual integra modelos de lenguaje avanzados como los de la empresa estadounidense OpenAI (ChatGPT).
A diferencia de un buscador convencional, este autómata fue entrenado con escrituras budistas sagradas para responder dudas existenciales que, según la institución, los fieles a menudo no se atreven a confesarle a un humano. Durante su presentación en un templo local, el robot —que viste un hábito gris y ya realiza el gesto de oración juntando las manos— demostró su capacidad para mantener conversaciones fluidas.
Un bálsamo digital para el estrés
En una prueba frente a la cadena NHK, el Buddharoid aconsejó a una periodista sobre cómo manejar el caos mental:
«El budismo enseña que no hay que seguir ciegamente los pensamientos ni apresurarse. Una de las maneras consiste en calmar la mente y deshacerse de esos pensamientos», respondió con una voz grave y pausada.
¿El fin de los monjes humanos?
Aunque el Buddharoid aún no tiene un rostro definido, su capacidad para combinar la robótica física con la IA marca un paso adelante respecto a antecesores como Mindar (un androide sin IA que ya daba sermones en Kioto) o el robot que daba bendiciones en Alemania allá por 2017.
La Universidad de Kioto subrayó que, si bien la meta es que estos dispositivos asistan o sustituyan ciertos rituales religiosos en el futuro, es urgente realizar una evaluación ética sobre su uso. En un Japón donde la mano de obra escasea, el «clero digital» parece ser una salida viable para mantener vivos los templos.
