El salterio mexicano no necesita una gran orquesta para hacerse notar. Basta el movimiento preciso de dos manos sobre sus cuerdas metálicas para producir un sonido brillante, cercano a una lluvia de notas. Aunque suele quedar fuera de los relatos más difundidos sobre la música nacional, este instrumento conserva una historia que conecta talleres artesanales, repertorios populares y escenarios de concierto.
Su estructura parece sencilla: una caja de resonancia de madera cubierta por hileras de cuerdas. Sin embargo, su fabricación y su ejecución exigen precisión. El Instituto Nacional de Antropología e Historia explica que las cuerdas pueden ser pulsadas, percutidas o frotadas, según el tipo de instrumento y la técnica utilizada.
En México, una de las comunidades que mantiene viva esta tradición es Atltzayanca, Tlaxcala. De acuerdo con el INAH, el municipio conserva la elaboración y ejecución de salterios desde el siglo XVII. Los artesanos utilizan maderas como oyamel, pino, encino y cedro, y algunos instrumentos pueden tener hasta 100 cuerdas.
La historia del salterio también pasa por la Ciudad de México. La Orquesta Típica de la Ciudad de México, fundada el 1 de agosto de 1884 por Carlos Curti, incorporó este instrumento junto con el bandolón, la marimba, el bajo sexto y la guitarra séptima mexicana. La agrupación fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la capital en 2011 y reconocida como Patrimonio Cultural Vivo en 2019.
La combinación de instrumentos tradicionales con recursos orquestales permitió que el salterio dialogara con repertorios distintos. Un estudio publicado por la revista Antropología del INAH identifica esa mezcla como una característica central de la Orquesta Típica: instrumentos vinculados con diversas regiones del país conviven con otros propios de una orquesta sinfónica.
Ese diálogo sigue abierto. En noviembre de 2025, la Fonoteca Nacional presentó el concierto Resonancias: viaje histórico a través de la música mexicana, un recorrido construido con salterio y guitarra. El programa reunió piezas y géneros asociados con los siglos XIX y XX, desde composiciones de Gori Cortés, Ricardo Castro y Joaquín Beristáin hasta obras de Eduardo Angulo, Arturo Márquez y Julio César Oliva.
La propuesta no se limitó al escenario. El concierto formó parte del proyecto Salterio Mexicano: Difusión, Enseñanza y Divulgación, respaldado por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales. La iniciativa trabaja en tres líneas: enseñanza, divulgación y difusión. También presentó un repositorio digital con materiales históricos y musicales relacionados con el instrumento.
Uno de los músicos vinculados con ese esfuerzo es Atlas Zaldívar, intérprete de salterio y guitarrista formado en la UNAM. La Fonoteca Nacional señala que desde 2010 ocupa el puesto principal de salterio tenor en la Orquesta Típica de la Ciudad de México. Su trabajo incluye música tradicional, repertorio latinoamericano, piezas contemporáneas y obras de concierto.
La recuperación del instrumento también ha generado espacios de encuentro. En marzo de 2026, el Museo Nacional de Culturas Populares organizó la quinta edición del Festival de Salterio, con agrupaciones de Querétaro, Tlaxcala y Ciudad de México. El programa incluyó conciertos, un taller infantil y un homenaje al músico David Armas.
La presencia de Querétaro abre una ruta para ampliar el reportaje hacia el Bajío. Tlaxcala y Ciudad de México aportan una base documental más visible, pero el siguiente paso periodístico consiste en rastrear intérpretes, archivos sonoros y talleres activos en Querétaro y Guanajuato. Esa búsqueda permitiría contar cómo el instrumento circuló entre regiones y repertorios.
El salterio mexicano no pertenece únicamente al pasado. Su permanencia depende de músicos, constructores, archivos y espacios culturales que lo mantienen en uso. Escucharlo junto a una guitarra permite reconstruir una parte menos conocida de la historia musical del país: una historia que no sólo se lee, también se reconoce por su timbre.
