Por Juan Pablo Ojeda
El Tri domina en casa. La Selección Mexicana cerró la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 con una actuación contundente al vencer 3-0 a Chequia en el Estadio Ciudad de México, en un partido que terminó por encender la euforia nacional y confirmar el gran momento del conjunto mexicano.
Con goles de Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo, México no solo aseguró el liderato del Grupo A, sino que también firmó una primera ronda histórica: tres partidos, tres victorias, nueve puntos y cero goles recibidos.
El equipo mexicano llegó a la Jornada 3 con la clasificación prácticamente resuelta tras sus victorias ante Sudáfrica y Corea del Sur, pero el duelo ante Chequia tenía un valor especial. No se trataba únicamente de cumplir el calendario, sino de mandar un mensaje claro al resto del torneo: México quería cerrar como líder, con autoridad y ante su gente.
Desde los primeros minutos, el Tri asumió el papel de local. Con el impulso de una afición entregada y un estadio convertido en una fiesta verde, blanca y roja, México buscó controlar el ritmo del partido, presionar la salida europea y evitar cualquier sobresalto defensivo. Chequia, obligada a sumar para mantener vivas sus posibilidades, intentó adelantar líneas, pero se encontró con un equipo mexicano ordenado, intenso y cada vez más confiado.
El primer golpe llegó al minuto 55, cuando Mateo Chávez rompió el cero con una jugada individual que levantó al estadio. El joven futbolista apareció en el momento justo para abrir el camino de una victoria que ya se sentía cercana, pero que necesitaba una acción de talento para terminar de inclinarse del lado mexicano.
El gol de Chávez no solo destrabó el partido; también cambió el estado emocional del encuentro. México jugó más suelto, con mayor profundidad y con la tranquilidad de tener el marcador a favor. Chequia, en cambio, quedó obligada a arriesgar más, dejando espacios que el Tri no tardó en aprovechar.
Apenas seis minutos después, al 61’, apareció Julián Quiñones para marcar el segundo tanto de la noche. Tras una asistencia de Jorge Sánchez, el atacante definió para poner el 2-0 y confirmar el dominio mexicano. El gol fue un golpe anímico demoledor para los checos, que ya no solo necesitaban reaccionar, sino evitar que el partido se les escapara por completo.
La Selección Mexicana no se conformó. Con el marcador a favor y el estadio entregado, el equipo mantuvo la intensidad y siguió buscando el arco rival. El tercer gol llegó por conducto de Álvaro Fidalgo, quien se sumó a la fiesta tricolor para sellar el 3-0 y cerrar una noche perfecta para México.
El tanto de Fidalgo terminó de redondear una actuación que combinó eficacia ofensiva, solidez defensiva y manejo emocional. México no cayó en excesos, no perdió el orden y supo administrar el partido sin renunciar al ataque. Fue una victoria amplia, pero también madura.
El resultado deja al Tri con números impecables en la primera fase: nueve puntos de nueve posibles, cinco goles a favor en sus primeros dos encuentros y una contundente goleada en el cierre del grupo, además de una portería que se mantuvo intacta durante toda la ronda inicial.
El dato histórico es de peso. México gana por primera vez sus tres partidos de fase de grupos en una Copa del Mundo, una marca que nunca había conseguido ni siquiera en sus mejores participaciones mundialistas. En ediciones como México 1970, México 1986, Corea-Japón 2002 y Brasil 2014, el Tri había tenido grandes arranques, pero siempre con al menos un empate.
Además, el conjunto mexicano terminó la fase de grupos sin recibir gol, una marca defensiva que remite a México 1970, cuando también logró mantener su arco en cero durante la primera ronda. La diferencia ahora es que el equipo combina esa fortaleza defensiva con un paso perfecto en puntos, algo inédito para la historia mundialista del país.
Para Chequia, el partido representó una dura despedida. El equipo europeo necesitaba sumar para aspirar a la siguiente ronda, pero nunca logró imponer condiciones. Su intento por competir se fue diluyendo conforme México encontró los goles y tomó el control emocional del encuentro.
La afición mexicana, por su parte, vivió una noche de celebración total. El Estadio Ciudad de México fue una extensión del ánimo nacional: banderas, cánticos, camisetas verdes, gritos de gol y la sensación de que el equipo está construyendo una historia distinta en casa.
El triunfo también alimenta la conversación alrededor de los nombres propios del momento. Mateo Chávez confirmó que puede responder bajo presión; Julián Quiñones volvió a aparecer en zona de definición; Álvaro Fidalgo se sumó con peso ofensivo; y el bloque defensivo mexicano cerró una fase de grupos impecable.
Con este resultado, México avanza como líder del Grupo A y espera rival para la ronda de dieciseisavos de final, donde comenzará una nueva etapa del torneo. A partir de ahora, ya no habrá margen de error: cada partido será de eliminación directa y cada detalle puede definir la continuidad mundialista.
Pero el mensaje ya quedó instalado. México no solo cumplió en casa: dominó, ganó y convenció. El Tri cerró la primera fase como uno de los equipos más sólidos del torneo y con una afición que empieza a ilusionarse con una campaña histórica.
La noche ante Chequia quedará marcada como una de esas jornadas que cambian el tono de una Copa del Mundo. Porque México no solo venció 3-0: firmó una declaración de intenciones.
El Tri domina en casa y llega encendido a la siguiente ronda.
