En un encuentro marcado por el tono cercano y el reconocimiento institucional, la presidenta de la Cámara de Diputados destacó la relevancia del Servicio Exterior Mexicano como una de las políticas públicas más sólidas del país y como pieza clave para que México tenga voz y presencia en un mundo cada vez más tenso e incierto. Lejos del discurso técnico, el mensaje puso en palabras simples una idea central: la diplomacia no es cosa de élites, es una herramienta que protege y acompaña a los mexicanos estén donde estén.
Durante la recepción anual con embajadoras, embajadores y cónsules, se subrayó que la política exterior mexicana se construye desde la coordinación entre los tres Poderes de la Unión y con una visión de largo plazo. En ese engranaje, el Congreso juega un papel fundamental al respaldar instituciones fuertes, estables y profesionales que representen al país con dignidad y congruencia.
El reconocimiento se centró en quienes integran el Servicio Exterior Mexicano, una institución que, con el paso del tiempo, ha acumulado experiencia, conocimiento y memoria diplomática. En términos sencillos, se explicó que esta continuidad es lo que permite que México tenga una política exterior coherente, más allá de coyunturas políticas o cambios de gobierno.
Uno de los mensajes más claros fue el valor de la diplomacia consular. Para millones de mexicanos que viven, trabajan o transitan fuera del país, las embajadas y consulados son mucho más que oficinas: son un punto de apoyo, una red de protección y, en muchos casos, el único contacto directo con el Estado mexicano. Saber que hay una representación que habla tu idioma, entiende tu situación y puede ayudarte, se dijo, es una certeza que da tranquilidad.
En un contexto internacional atravesado por conflictos armados, disputas económicas, crisis climática y acelerados cambios tecnológicos, se enfatizó que México necesita diplomáticos preparados, con visión estratégica y compromiso ético. La política exterior, se remarcó, no puede improvisarse ni depender de ocurrencias; requiere formación, vocación de servicio y una clara responsabilidad institucional.
También se recordó que la defensa de los derechos humanos no es un discurso, sino una obligación constitucional. Cualquier autoridad mexicana, dentro o fuera del territorio nacional, debe actuar con ese principio como guía. Esa visión, se afirmó, permite que México mantenga una postura firme y respetuosa, incluso en escenarios internacionales complejos o ideológicamente distintos.
Desde la Cámara de Diputados, se reconoció que existen diferencias políticas y debates intensos, pero también una coincidencia esencial: trabajar por el bien del país. Esa pluralidad, lejos de debilitar, fortalece la imagen de México como una nación diversa, democrática y comprometida con el diálogo.
El mensaje concluyó con una idea clara: cada embajadora y cada cónsul encarna a México ante el mundo. En cada acción cotidiana, representan a millones de personas y a un país que apuesta por una diplomacia humanista, profesional y con sentido de Estado.
