El consumo anual de frijol por persona en México cayó de 16 kilogramos en 1980 a nueve kilogramos en 2021, pese a que esta leguminosa aporta proteína, fibra y nutrientes esenciales, de acuerdo con datos difundidos por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La reducción no responde únicamente a cambios en los hábitos alimentarios. Amanda Gálvez Mariscal, académica del Posgrado en Ciencias Bioquímicas de la UNAM, y Elvira Sandoval Bosch, especialista de la Facultad de Medicina, advirtieron que el frijol ha sido estigmatizado como un alimento asociado con una “dieta de pobres”.
La cifra fue publicada por Gaceta UNAM en febrero de 2022 con base en el Panorama Agroalimentario 2021 de la entonces Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Por esa razón, el dato sirve para ilustrar una tendencia histórica, pero no debe presentarse como una medición actualizada del consumo en 2026.
El frijol forma parte de la dieta tradicional mexicana y aparece en preparaciones como sopas, caldos, tacos, tlacoyos, sopes y huaraches. Al combinarlo con cereales como el maíz, se obtiene una fuente de proteína vegetal de buena calidad y con menor contenido de grasas saturadas que diversos alimentos de origen animal, señalaron las especialistas universitarias.
Las legumbres también destacan por su aporte de fibra y su bajo índice glucémico. Harvard T.H. Chan School of Public Health explica que estos alimentos contienen almidón resistente de digestión lenta y pueden contribuir a una alimentación equilibrada. Entre ellos se encuentran los frijoles, las lentejas, los garbanzos y los chícharos secos.
Un artículo de divulgación publicado por Harvard Health Publishing en 2018 recopiló investigaciones sobre los posibles beneficios de consumir legumbres con regularidad. La publicación señaló que una dieta que las incluya puede contribuir al control del colesterol y de algunos factores de riesgo cardiovascular.
El artículo citó un ensayo clínico con más de 100 personas con diabetes tipo 2. Durante tres meses, los participantes consumieron diariamente al menos una taza de frijoles, garbanzos o lentejas. El seguimiento registró reducciones en peso corporal, circunferencia de cintura, colesterol LDL y presión arterial.
Sin embargo, los beneficios no deben interpretarse como una cura ni como sustituto de medicamentos o tratamientos prescritos. La propia plataforma de nutrición de Harvard advierte que los resultados de las investigaciones sobre prevención de diabetes y control de glucosa todavía son mixtos y no permiten conclusiones absolutas.
La relevancia de las legumbres no se limita a la salud humana. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que sus raíces albergan bacterias capaces de fijar nitrógeno, mejorar la fertilidad del suelo y reducir la necesidad de algunos insumos externos. Su incorporación en rotaciones o cultivos intercalados también puede favorecer la biodiversidad y ayudar a interrumpir ciclos de plagas y enfermedades.
La FAO también destaca que las legumbres requieren menos agua y energía que diversas fuentes de proteína animal. Además, pueden almacenarse durante periodos prolongados sin perder su valor nutricional, una característica relevante para la seguridad alimentaria.
La caída en el consumo de frijol plantea un reto alimentario y cultural para México. Recuperar su presencia en la dieta cotidiana no implica idealizar un solo producto, sino reconocer que se trata de un alimento accesible, versátil y compatible con una alimentación equilibrada.
